La reconstitución de Cádiz

 

Cádiz, la ciudad más antigua de Europa occidental, experimentó un extraordinario renacimiento hace ahora 300 años. Fue con ocasión del traslado allí en 1717 de una de las instituciones más características de la llamada Carrera de Indias, es decir, el comercio con América: la casa de Contratación (tal vez el mayor holding comercial de la Europa del momento, como ha dicho recientemente el historiador José María García León), que llevaba en Sevilla desde su creación en 1503. Ni el proceso fue fácil ni Sevilla se resignó a perder el protagonismo que había tenido en los siglos XVI y XVII. Pero la Casa de Contratación seguiría en Cádiz hasta su extinción en 1790. La ciudad creció y se transformó en los años siguientes, adquiriendo un perfil más americano, más parecido, por ejemplo, a La Habana (ya saben: Cádiz con más negritos, que dijo Lola Flores). El impulso que cobró fue tan importante que en Cádiz se disponen ahora a celebrar el centenario como se merece. Ayer se presentaron en la Casa de América de Madrid los actos conmemorativos.

La Casa de Contratación se crea pronto, cuando se comprueba que el comercio con lo que todavía se llaman las Indias y todo lo que conllevaba necesitaba una institución a su altura. En ella se recogían y guardaban las mercaderías, mantenimientos y aparejos necesarios para la contratación de las Indias, y se comprobaba que las mercancías que llegaban a Sevilla eran las mismas embarcadas en América. Pronto, la Casa se ocupó de un importante aspecto técnico: el examen de los pilotos y cartas e instrumentos de navegación, tarea a cargo de un piloto mayor, el primero de los cuales fue el famoso Américo Vespucio, el responsable del nombre que acabarían llevando aquellas Indias occidentales (y pariente, por cierto, de la bella Simonetta, la modelo de los cuadros más famosos de Botticelli).

Profusamente reglamentada, la Casa de Contratación contaba con cronista oficial, capilla, cárcel y jurisdicción propia. Que la Casa de Contratación estuviera en Sevilla, río Guadalquivir adentro y alejada del mar, era una garantía de seguridad frente a una Cádiz más desprotegida y que sufrió varios ataques durante los siglos XVI y XVII. Esa seguridad era de doble dirección, como explica Manuel Ravina, director del Archivo de Indias en el que se guarda toda la documentación sobre la Casa. Se trataba de que nadie saliera sin el control real, pero también, y quizá más importante, "cuidarse de los piratas, que no se perdiera nada del tesoro que traían las naves a la vuelta, y del que un 20% del total era para el rey". De modo que los reyes sucesivos -Fernando el Católico, Carlos I, Felipe II, Felipe III, Felipe IV, Carlos II- tuvieron un especial interés en salvaguardar aquellos tesoros americanos que les procuraban tan suculentos ingresos.

La importancia del comercio con América era tal que el negocio que generaba no estuvo nunca exento de disputas. "La verdadera raíz del problema", señala Manuel Ravina, "es el monopolio de ese comercio, el que fuera un solo puerto el que lo concentrara". Por eso Cádiz siempre quiso participar, y por eso Sevilla se resistió a que la Casa de Contratación pasara a Cádiz en 1717. Las autoridades gaditanas -sigue explicando el director del Archivo de Indias, que, hace más de treinta años, publicó El pleito Cádiz-Sevilla por la Casa de Contratación- plantearon desde el primer momento que parte del cargamento se hiciera en su ciudad, sustituyendo el monopolio por una especie de duopolio. "Y lo consiguieron intermitentemente; el rey lo permitía unos años sí y otros no".

 

A las pretensiones de los gaditanos les ayudaron los problemas que presentaba Sevilla: además de la obligación de pasar la barra de Sanlúcar, que presentaba dificultades de maniobrabilidad que provocaron algunos naufragios, el río Guadalquivir tampoco permitía el paso de barcos demasiado grandes o demasiado cargados. Con lo que, poco a poco, también fueron saliendo barcos de Cádiz. "En 1680, casi todo salió de Cádiz o Sanlúcar", explica Manuel Ravina.

Esa situación de hecho experimentó un giro radical, convirtiéndose en situación de derecho en 1717. El cambio hay que verlo dentro del primer reformismo borbónico, la nueva dinastía asentada en España tras la muerte del último Austria y la Guerra de Sucesión, su nueva política hacia América (creación de la Secretaría de Marina e Indias, etc.) y el papel de algún ministro como José Patiño. Patiño continuó y remató la fortificación de Cádiz que venía realizándose desde 1598, e impuso una presencia militar (capitanía general, escuela de guardiamarinas) pensada, sobre todo, para proteger el comercio. El acierto de esas medidas geoestratégicas lo prueba el que "el siguiente imperio ha instalado su base al lado, en Rota", dice Manuel Ravina.

Las protestas de las autoridades y comerciantes sevillanos no se hicieron esperar. Aquí empezó el pleito estudiado por Manuel Ravina (que apunta el hecho curioso y poco investigado de que esas protestas no se dieran antes, cuando el comercio ya estaba de hecho en Cádiz, sugiriendo que, quizá, lo que interesaba a la oligarquía sevillana era mantener los hilos legales del comercio). Las presiones sevillanas llevaron al rey Felipe V a convocar en 1722 una junta consultiva que se reunió varias veces ese año y el siguiente. El dictamen de la junta fue favorable a Sevilla, y el rey llegó a firmar un decreto en 1725 aprobando la vuelta allí de la Casa de Contratación. Pero nuevas alegaciones gaditanas y la influencia del gobernador del Consejo de Indias, el almirante gaditano Andrés de Pez, y del poderoso Patiño hicieron que el decreto se anulara.

La Casa de Contratación se quedó en Cádiz hasta su extinción, y a Cádiz le cambió la cara. Para el catedrático de la universidad gaditana Alberto Ramos, experto en la historia de la ciudad, fue el cambio más importante experimentado por la vieja Gadir, que justifica que se hable de siglo de oro. Junto a la erección de las murallas y el crecimiento demográfico (que casi duplicó su población entre 1700 y 1775), Cádiz creció con un urbanismo muy racional, de cuadrícula, muy de la época. Un aspecto de ese cambio de fisonomía fueron los jardines botánicos, poblados de plantas americanas. Que no fueron sólo una cuestión de ornato urbano, sino, como recuerda Alberto Ramos, una cuestión de avance científico y médico. En Cádiz está el colegio de cirugía de la Armada, "hay todo un entramado científico y económico".

Y si Cádiz se americaniza, también ocurre el proceso inverso. Los ingenieros militares que trabajan en Cádiz se trasladan a América, donde hacen fortificaciones semejantes en La Habana, Veracruz, Cartagena de Indias o San Juan de Puerto Rico.

Fuente: ELMUNDO