El desconocido (en parte) Almirante Pez

Cuando Felipe V, por Real Decreto dado en Segovia el 27 de mayo de 1717, comunicó al almirante Andrés de Pez el traslado de la Casa de Contratación de Sevilla a Cádiz, éste contaba con cerca de sesenta años, edad bastante avanzada, provecta, para la época.

Curiosamente, hasta ese momento poco sabemos de él y, desde luego, nada de su infancia y temprana juventud, aunque suponemos que las pasaría en Cádiz, su ciudad natal. Las primeras noticias que nos llegan datan de 1687, bajo la forma de un Diario del Descubrimiento que hizo el Capitán D. Andrés de Pez, desde Veracruz hasta Cabo Apalache. Aunque hay ciertas dudas al respecto, suponemos que dicho oficial es nuestro personaje en cuestión y no su padre, de igual nombre, que ya ostentaba esa graduación treinta años antes, resultando muy extraño que no hubiera obtenido ningún ascenso en todo ese tiempo, como señala Adolfo de Castro.

Un año después, a instigación del virrey de Nueva España, conde de Gálvez, llevó a cabo con dos navíos un reconocimiento de las costas de lo que hoy es la Luisiana, con precisa indicación de sus accidentes: embocaduras de los ríos, ensenadas, puertos... Lo acompañó en esta empresa el cosmógrafo real y catedrático de la Universidad de Méjico, Carlos de Sigüenza y Góngora.

Saltamos ya al año 1707, cuando Pez, almirante de la Armada de Barlovento, trajo a España la nada despreciable cifra de un millón de pesos fuertes, que el nuevo virrey novohispano, duque de Alburquerque, enviaba al pretendiente a la Corona española, Felipe de Anjou, el futuro Felipe V. Un año después salió de Cádiz con una flota rumbo a Méjico y en 1710 arribó a Cádiz con numerosos caudales que propiciaron la compra de una serie de barcos para mayor protección de los galeones que venían de América, tarea que llevó a cabo en compañía de Antonio Martínez de Munguía. Por ello fue felicitado por el Consulado de Sevilla "celebrando mucho que materia tanta importancia corra por la segura conducta de V.E. cuya grande integridad y conocimiento nos asegura la mayor satisfacción".

Todo este tipo de servicios y, naturalmente, su apuesta por la causa borbónica hicieron que el 20 de agosto de 1714, acabada ya la Guerra de Sucesión, fuera nombrado general de las escuadras de España, trasladando a España desde Génova a la futura reina, la aristócrata Isabel de Farnesio, que iba a casarse con Felipe V, viudo de María Luisa de Saboya. Por cierto que, por entonces, otro ilustre marino servía a sus órdenes, Blas de Lezo.

Después de ahí, la historia ya nos es bien conocida, su nombramiento como presidente del Consejo de Indias y su estrecha colaboración con el ministro de Marina, José Patiño. Fue un documentado informe de Pez el que logró convencer al rey del traslado de la Casa de Contratación a Sevilla, "el Consulado del Comercio de Levante en Francia está en el mismo puerto de Marsella, el de Poniente en San Malo y en Génova en su mismo puerto, lo cual se practica en las demás partes...".

También, su caída política en desgracia y su puesta en entredicho, incluso, con las autoridades gaditanas desentendiéndose de él en un momento dado. Hubo de reivindicar su figura y, absuelto de toda suspicacia, volvió a ser presidente del Consejo de Indias hasta su muerte en Madrid el 9 de marzo de 1723.

Recientemente, hemos podido ver su partida de bautismo en el libro (1.Lib. 3, folio 20 vto.) que, a tal efecto, se conserva en la Catedral de Cádiz y que reza así: "En Cádiz en diez días del mes de julio de mil seiscientos cincuenta y siete años. Yo M. Juan González, Cura de la Iglesia catedral, baptizé a Andrés Matías hijo del Capitán Andrés de Pez y de Marina de Marzarraga y Adares, su legítima mujer; fue su padrino Matías de Ochoa de la Muñeca, Procurador de gestiones, advertile de su obligaciones y lo firmo ut supra. M. Juan González".

Fuente: Diario de Cádiz.